Relación entre el Intestino y el Cerebro

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Relación entre el Intestino y el Cerebro

Investigaciones recientes sugieren que el eje: intestino – cerebro es de considerable importancia para el estado de ánimo y el comportamiento.  Llegando a conclusiones en las que se apunta hacia una dieta poco saludable como un significativo factor de riesgo en enfermedades como la depresión y la ansiedad.

Todo parece apuntar a la flora intestinal como el factor clave en la mediación entre la dieta y los desequilibrios en nuestro cerebro.

Dada la capacidad de la flora intestinal para influir en la serotonina (neurotransmisor relacionado con la depresión) y su precursor, el triptófano 

[1], regular la respuesta de estrés [2,3], modular la cognición [4,5] y el comportamiento [6,7]; la potencial importancia de la flora intestinal para el campo de la salud mental es evidente.

Pero, ¿cómo se cree que los microbios en el intestino se comunican con el cerebro y a su vez con el comportamiento?

Según Sarkis Mazmanian, profesor de microbiología en el Instituto de Tecnología de California, microbiólogo e inmunólogo de formación; sus estudios se basan en cómo el cerebro, el sistema inmunológico y la flora intestinal interactúan en la salud y en la enfermedad, incluyendo sus efectos sobre el trastorno del espectro autista.

“Hay al menos tres maneras a través de las que los microbios intestinales se comunican con el cerebro: la primera es directamente a través del nervio vago, que conecta la red del sistema nervioso que rodea al intestino con el cerebro; la segunda es a través de células inmunes circulantes que están preparadas, o educadas, en el intestino y luego viajan hacia el cerebro; y la tercera puede ser metabolitos, moléculas que son producidas por los microbios en el intestino que entran en la sangre y circulan a las regiones del cerebro donde afectan el comportamiento. Hemos demostrado, por ejemplo, que un metabolito producido por las bacterias del intestino es suficiente para causar anormalidades de comportamiento asociados con el autismo y la ansiedad cuando se inyecta en ratones sanos. Esto sugiere que las moléculas microbianas pueden conectar el intestino al cerebro a través del sistema circulatorio.”

¿Cómo entran a nuestro cerebro?

La barrera hematoencefálica (sangre-cerebro) actúa como un controlador de acceso, la protección del cerebro de varios elementos tóxicos al tiempo que permite la entrada de diversos nutrientes para mantener la vida, como el agua, glucosa, aminoácidos, y los gases que son esenciales para la función del cerebro. Esta barrera está formada por células que recubren los vasos capilares y están conectados por lo que se llaman “uniones estrechas”, bastante similares a las uniones estrechas en las células que recubren el intestino.

La mayoría de enfermedades relacionadas con el cerebro se asocia con la ruptura de esta barrera, como infecciones, e incluso el cáncer. Y como tal, los científicos han estudiado exhaustivamente qué determina el aumento de su permeabilidad y, quizás lo más importante, qué se puede hacer para reducirla, en otras palabras, lo que se puede hacer para restablecer la barrera, y proteger el cerebro.

En un impresionante informe de investigación que aparece en la revista Science Translational Medicine, los investigadores del Instituto Karolinska de Estocolmo han estudiado la barrera hematoencefálica en ratones que eran “libres de gérmenes”. Eso significa, que los ratones utilizados en este experimento no tenían bacterias viviendo dentro de sus intestinos. Usando una sofisticada tecnología para el escaneo del cerebro, los investigadores demostraron que la barrera hematoencefálica en estos ratones fue significativamente afectada, básicamente una situación que podríamos llamar  “cerebro agujereado”, y esta permeabilidad de la barrera persiste en la edad adulta. Incluso más convincente fue su hallazgo, cuando estos ratones recibieron un transplante fecal, lo que significa que en sus intestinos inocularon material fecal que contenían bacterias de un ratón sano, la permeabilidad de la barrera hematoencefálica mejoró notablemente.

En primer lugar, esta investigación es innovadora. Las implicaciones de ser capaces de manipular la salud de la barrera hematoencefálica mediante cambios en las bacterias intestinales ofrece una herramienta terapéutica de gran alcance que puede tener una amplia aplicación en las enfermedades cerebrales.

El profesor Sven Pettersson, que es el investigador principal implicado en el estudio, fue citado en el diario de ciencia indicando:

“Dada la composición de la flora intestinal  y su cambio en la diversidad a través del tiempo, es tentador especular sobre la integridad de la barrera hematoencefálica, sobre su fluctación en función a la flora intestinal. Este conocimiento puede ser utilizado para desarrollar nuevas formas para la apertura de esta barrera, para aumentar la eficacia de los medicamentos contra el cáncer de cerebro así como también para el diseño de los regímenes de tratamiento que refuercen la integridad de la barrera hematoencefálica.”

En segundo lugar, esta investigación añade más evidencia a la idea de que una amplia gama de problemas de la salud humana bien puede depender de la diversidad y complejidad de la matriz de bacterias que vive en el intestino, conocida como nuestra flora intestinal o microbiota.

Con las enfermedades mentales como la fuente principal de discapacidad a nivel mundial, la identificación de nuevas dianas para su prevención y el tratamiento está siendo imprescindible.

Es muy interesante considerar que lo que parece estar emergiendo como una poderosa herramienta en términos de tratamiento de una variedad de enfermedades, pueda descansar en las manos de los cien billones de bacterias que tienen a nuestros cuerpos como hogar, y que a su vez, estas dependan de lo que consumimos.

Entonces a qué tipo de “Dios” estamos jugando con este complejo ecosistema que tenemos dentro?.

 

 

 

  1. O’Mahony SM, Clarke G, Borre YE, et al. Serotonin, tryptophan metabolism and the brain-gut-microbiome axis. Behav Brain Res 2014. doi: 10.1016/j.bbr.2014.07.027. [Epub ahead of print].
  2. Moloney RD, Desbonnet L, Clarke G, et al. The microbiome: stress, health and disease. Mamm Genome 2014; 25:49–74.
  3. Dinan TG, Cryan JF. Regulation of the stress response by the gut microbiota: implications for psychoneuroendocrinology. Psychoneuroendocrinology 2012; 37:1369–1378.
  4. Gareau MG, Wine E, Rodrigues DM, et al. Bacterial infection causes stressinduced memory dysfunction in mice. Gut 2011; 60:307–317.
  5. Li W, Dowd SE, Scurlock B, et al. Memory and learning behavior in mice is temporally associated with diet-induced alterations in gut bacteria. Physiol Behav 2009; 96:557–567.
  6. Desbonnet L, Clarke G, Shanahan F, et al. Microbiota is essential for social development in the mouse. Mol Psychiatry 2014; 19:146–148. One of the first preclinical studies to demonstrate an effect of the gut microbiota on social behaviour.
  7. Ohland CL, Kish L, Bell H, et al. Effects of Lactobacillus helveticus on murine behavior are dependent on diet and genotype and correlate with alterations in the gut microbiome. Psychoneuroendocrinology 2013; 38:1738–1747.
By | 2016-12-10T11:43:57+00:00 febrero 12th, 2015|Educación, Nutrición|Comentarios desactivados en Relación entre el Intestino y el Cerebro

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Ingeniera industrial mecánica, apasionada por la máquina más eficiente del mundo, el cuerpo humano, y su combustible principal, la nutrición, especialmente en la población infantil.